Es cierto que uno nunca podrá saber lo mucho que le debe a la fe de otras personas, todos y cada y cada uno de nosotros es producto de la fe de alguien, de la oración de alguien, del esfuerzo espiritual de alguien, porque Dios no siempre nos concede las bendiciones con base solamente a nuestra propia fe, a veces nuestra fe es débil y sin embargo las bendiciones siguen llegando, y eso lo explica Gálatas 2:20.