A Dios le encanta hacer visitas inesperadas, le agrada llegar en el momento menos oportuno para nosotros pero más oportuno para Él, para que en ese momento volvamos a tener un nuevo aliento y debemos esperar sus visitas sorpresivas; y en algún momento, Jesús lo hizo con los judíos en el Templo. Una visita sorpresiva de parte de Dios s un tiempo en el que se está consciente de su presencia, y de manera especial a pesar de lo que sucede alrededor, sentir una “extraña paz”, y cuando eso sucede, estás recibiendo una visita inesperada de Dios.