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El corazón, en la antropología bíblica (la ciencia que estudia al ser humano en su totalidad), es el centro integrador de la persona, donde confluyen pensamiento, afecto, voluntad y memoria. Las heridas emocionales profundas, producidas muchas veces en los vínculos primarios de la infancia o en experiencias de trauma relacional, no desaparecen automáticamente con la conversión. Aunque ya no definen al creyente por su identidad en Cristo, sí pueden seguir operando como estructuras afectivas no redimidas o no rendidas aún al Señor, desde las cuales la persona sigue actuando defensivamente, haciendo y haciéndose mucho daño innecesario.
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[email protected] / Facebook: LevantaCR / Instagram: CRLevanta / Whattsapp: (506) 8838-0777
By Levanta5
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El corazón, en la antropología bíblica (la ciencia que estudia al ser humano en su totalidad), es el centro integrador de la persona, donde confluyen pensamiento, afecto, voluntad y memoria. Las heridas emocionales profundas, producidas muchas veces en los vínculos primarios de la infancia o en experiencias de trauma relacional, no desaparecen automáticamente con la conversión. Aunque ya no definen al creyente por su identidad en Cristo, sí pueden seguir operando como estructuras afectivas no redimidas o no rendidas aún al Señor, desde las cuales la persona sigue actuando defensivamente, haciendo y haciéndose mucho daño innecesario.
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