Hebreos 3:12 nos advierte a cuidarnos de tener un corazón maligno o incrédulo a fin de no ser engañados por el pecado. Es cierto que la dinámica ha cambiado, pero tenemos que empezar a disfrutar la vida porque aunque las preocupaciones diarias están ahí, podemos llegar estar tan absortos en el día a día que no nos percatamos de caer en las mismas ataduras del pasado.