Nuestra Madre, María, estaba acostumbrada a escuchar los susurros de Dios, porque nuestro Señor habla bajito. Ella es la Mujer del silencio y de la escucha.
A ella le pedimos que nuestras quejas se conviertan en la oración confiada de un niño.Nadie como María se ha dedicado tanto tiempo a contemplar a Jesús. Desde la Encarnación comenzó a imaginárselo, durante los nueve meses de espera, a pensar cómo iba a ser el rostro de ese Niño tan especial...