«Yo –dice el Señor– os he llamado amigos» ( Jn 15,15) . Así nos llama. Con lo que supone que Dios nos dé un nombre… El nombre por el que nos conoce Dios es: mi amigo. El nombre por el que seremos conocidos será: –Este fue un amigo de Dios mientras vivía en la tierra.
¿Y por qué somos auténticos amigos de Dios? La respuesta es porque cultivamos la vida que Dios nos da, la vida contemplativa.
El Espíritu de recogimiento y la vida contemplativa que hemos de vivir para ser santos se opone a la dispersión. Para ganar las batallas se requiere concentrar las fuerzas en un punto.