Hay una felicidad estructural, esa que sostiene el edificio cuando viene el temblor y la Biblia, en uno de sus pasajes nos da la clave para que podamos ser felices: Felices los que lloran porque ellos encontrarán consolación. Sin embargo, hay una verdad que debemos abrazar: Las crisis no son eternas, tienen fechas de caducidad, el problema va a pasar.