En el caso de los Apóstoles, la palabra del Señor “entró” en ellos, y fue transformándolos, limpiando sus corazones con la luz de la verdad, que Jesús anunciaba.
El Señor los eligió por su sencillez. Meditando el evangelio se descubre la transparencia de aquellos hombres: todos eran sinceros, menos uno.
Recordamos cuando el Señor dijo que la lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo todo tu cuerpo estará iluminado (Mt 6, 22).
Jesús utiliza esta metáfora, y nos preguntamos qué quiere decir al hablarnos del ojo...
Y ahora, que estamos en presencia de Dios somos conscientes que nuestra vida no está pensada para gastarla en nosotros mismos.
La vida se puede emplear en nuestras cosas, pero no hemos nacido para eso. Y los que se reservan para sí la vida, la hacen antipática a los demás. Y los que se entregan, suelen ser los más agradables.