Sabemos que de entre los apóstoles solo un adolescente no abandonó al Señor. Fue el mismo san Juan, como testigo de la crucifixión, quien describe que del costado abierto de Jesús salió la sangre que le quedaba, incluso supuró el plasma.
Su amor le llevó a ese exceso. Derramó toda la sangre por aquellos hombres y por muchos otros.
La caridad es la principal virtud cristiana: Dios es un Volcán inmenso de un Amor.
Jesús nos ha purificado a través del derramamiento su “Sangre”, que es la “materialización” de su Amor. Por eso la materia no es ningún elemento malo.