Somos más que carne, huesos y pensamientos, somos un espíritu, alma y cuerpo así lo dice 1 Tesalonicenses 5:23 y hay un orden para ello, primero Dios nos santifica en nuestro espíritu, es por eso que cuando el espíritu se alinea con Dios, el alma se ordena y el cuerpo descansa.