Lo que ocurre con la envidia es que nos olvidamos cuánto Dios nos ama. No se trata la envidia sino la duda porque cuando se comienza a tener envidia es porque se duda del amor de Dios. Por eso es necesario renovar nuestro amor por Jesucristo. Si queremos salir de la envidia necesitamos confiar en Dios cuando la vida parece injusta.