El Bautismo es “ese baño completo”, con el que el hombre se sumerge en Cristo y tiene una nueva identidad.
En mi vida me he encontrado con cristianos que dicen que no necesitan confesarse, pues llevan una vida tranquila, y no roban, ni matan... y declaran sus impuestos.
Sin embargo la actitud de los santos es muy distinta. Juan Pablo II se confesaba todas las semanas, igual que el Beato Álvaro, gran amigo suyo. E incluso san Josemaría se confesaba, en ocaciones, dos veces por semana o incluso tres. Yo se le oí contar, que lo hacía no por escrúpulo, sino porque porque era el sacramento de la alegría... Pues un Dios que perdona es una maravilla.