En el cielo, Dios nos ha dado nombres a todos antes de nacer. En Isaías 43:1 está escrito: “No temas porque yo te redimí. Te puse nombre, mío eres tú.” El mundo nos ha puesto tantos nombres, con los que nos han tratado de identificar, pero cuando nos permitimos recordar realmente quienes somos, e identificarnos como tales, en ese momento, podemos comprender que no le pertenecemos a nada ni a nadie, sino a Aquel que nos hizo.