El cristianismo desde su fundación ha tenido varios símbolos, y en la antigüedad, un ancla también hacia parte de ellos. Es un símbolo de seguridad y ésa es la que Dios quiere que tengamos. Hebreos 6:17-20 nos habla de la seguridad que tenemos en Él. Ha hecho la promesa y el juramento, ambas no cambian porque es imposible que Dios mienta.