
Sign up to save your podcasts
Or


Envíanos tus comentarios
En toda relación humana hay alguna forma de poder o de influencia. Hablar de poder o de autoridad suele incomodar, porque muchas veces lo relacionamos de inmediato con abuso, imposición o dominio, y no es extraño que sea así, porque vivimos en un mundo donde con frecuencia el poder se usa para controlar, callar o someter. Pero el problema no es que exista poder, el problema es qué clase de corazón lo ejerce, con qué propósito lo usa y qué produce en la vida de los demás. Desde la perspectiva bíblica, el poder no nació como un instrumento de opresión, sino como un encargo recibido de Dios para servir, ordenar, cuidar y hacer el bien. Sin embargo, con la entrada del pecado, aquello que debía reflejar el carácter de Dios empezó a torcerse. Entonces, lo que fue dado para bendecir comenzó a usarse para alimentar el ego, afirmar la codicia, dominar al otro y manipular la realidad. Por eso este tema debe tratarse con seriedad. No solo para denunciar el abuso cuando ya es visible, sino también para reconocer cómo un poder delegado se distorsiona desde mucho antes: en las palabras, en los ambientes que crea, en la conciencia, en la forma de corregir y en la manera de tratar la vulnerabilidad ajena. Entender esto no solo nos ayuda a detectar el mal uso de la autoridad; también nos ayuda a recuperar su sentido sano delante de Dios.
Contáctenos:
[email protected] / Facebook: LevantaCR / Instagram: CRLevanta / Whattsapp: (506) 8838-0777
By Levanta5
11 ratings
Envíanos tus comentarios
En toda relación humana hay alguna forma de poder o de influencia. Hablar de poder o de autoridad suele incomodar, porque muchas veces lo relacionamos de inmediato con abuso, imposición o dominio, y no es extraño que sea así, porque vivimos en un mundo donde con frecuencia el poder se usa para controlar, callar o someter. Pero el problema no es que exista poder, el problema es qué clase de corazón lo ejerce, con qué propósito lo usa y qué produce en la vida de los demás. Desde la perspectiva bíblica, el poder no nació como un instrumento de opresión, sino como un encargo recibido de Dios para servir, ordenar, cuidar y hacer el bien. Sin embargo, con la entrada del pecado, aquello que debía reflejar el carácter de Dios empezó a torcerse. Entonces, lo que fue dado para bendecir comenzó a usarse para alimentar el ego, afirmar la codicia, dominar al otro y manipular la realidad. Por eso este tema debe tratarse con seriedad. No solo para denunciar el abuso cuando ya es visible, sino también para reconocer cómo un poder delegado se distorsiona desde mucho antes: en las palabras, en los ambientes que crea, en la conciencia, en la forma de corregir y en la manera de tratar la vulnerabilidad ajena. Entender esto no solo nos ayuda a detectar el mal uso de la autoridad; también nos ayuda a recuperar su sentido sano delante de Dios.
Contáctenos:
[email protected] / Facebook: LevantaCR / Instagram: CRLevanta / Whattsapp: (506) 8838-0777