Nosotros no somos capaces de vencer el mal que hay en nuestro corazón; nos encontramos con algo que nos supera. No conseguimos dominar el poder del mal con nuestras propias fuerzas. En esta tierra, el mal vive de mil formas. Podemos decir que ocupa la cúspide del poder, y también está en lo más bajo. Esto es así. Pero también está el Amor con mayúscula. Y para el hombre, este Amor solo tiene una forma: Jesús en la cruz. Solo con el amor uno es capaz de perdonar porque se ve a la persona en su conjunto, como los padres a sus hijos.
Para aprender a querer hemos de meditar en nuestra oración los padecimientos del Señor.
La sagrada cruz se elevaba por primera vez en medio de la tierra, como otro árbol de vida.
Y de las llagas de Jesús salían cuatro arroyos sagrados para fertilizar la tierra, y hacer de ella el nuevo Paraíso.