Cuando todo parece urgente, podemos preguntarnos: ¿Por dónde voy a empezar? La clave es saber priorizar. Aprender a clasificar como Dios clasifica, verdaderamente importa y Jesús lo sabía muy bien. Lo que verdaderamente importa no siempre es lo más visible, así que debemos aprender a discernir qué es urgente, importante y qué nos roba energía.