Jesucristo no solo vivió este hábito, sino insistió en que nosotros deberíamos desarrollar esta fe; porque la fe no necesita más evidencia que la palabra escrita: Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. Mateo 19:26. El hábito de la fe es a quién o en qué vamos a depositar nuestra fe, pero el Señor nos demostró cómo tener fe.