Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: la imagen de Dios no está impresa en el oro, sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad, por lo tanto, da tu riqueza material al César, pero reserva a Dios la inocencia de tu conciencia donde contemplas a Dios.
Podemos preguntarnos:
¿Entiendo que el no pagar los impuestos (cuando se puede) es pecado?
¿Me cuento entre los hipócritas que no actúan de acuerdo con su conciencia por miedo?
¿Vivo el día a día guiado por el Evangelio o más bien vivo según criterios del mundo?