Todo lo que el Señor había hecho anteriormente en la historia fue como una preparación para esta nueva Pascua que, como su nombre significa, era el Paso definitivo de Dios.
Por eso, todo lo que podemos leer en el Antiguo Testamento es como una preparación para lo que Jesús hace en la Misa.
Lo verdaderamente original, en lo que hoy llamamos la Misa, no es que sea un nuevo rito, sino que es el mismo Dios que se entrega por ti y por mí.
Ahora también el Señor camina entre nosotros y nos ayuda a descubrir el por qué de las situaciones que nos desconciertan.
Dirá San Josemaría: “Iban aquellos dos discípulos hacia Emaús. Su paso era normal, como el de tantos otros que transitaban por aquel paraje.
Y allí, con naturalidad, se les aparece Jesús, y anda con ellos, con una conversación que disminuye la fatiga”.