El paso al color en la vida espiritual se da cuando uno comienza a ver las cosas como Dios las ve: un gran salto para un hombre, pequeño para la humanidad. Y esta hazaña personal solo es posible realizarla si nos comunicamos con Dios. Por medio de la oración elevamos nuestra mente hacia Él. Así enviamos señales de alarma cuando tenemos un problema. Aunque Él ya sabe lo que nos sucede, sin embargo en la oración descubrimos la forma de solucionarlo. Pues como dice uno de los salmos (Responsorial de la Misa): Nuestro auxilio nos viene del Señor (120, 2).
El secreto de la oración no está en que Dios nos escuche sino que nosotros seamos conscientes de que necesitamos de Él. Porque el Señor siempre nos atiende, lo que sucede es que con frecuencia no puede concedernos lo que pedimos porque no es conveniente. Es en la oración donde nos identificamos con el querer de Dios y, así, acertamos.