Jesús se sorprende de que haya personas que no alaben a Dios después de haber recibido un gran favor. Quizá es porque somos unos orgullosos que pensamos que, todo lo que recibimos, lo merecemos.
Según nos cuenta el Evangelio, el porcentaje de gente agradecida es muy bajo. Y lo curioso es que los más cercanos a Dios son los que menos se sienten inclinados a manifestar la alabanza.