“Ciudad de Cristal y Hambre”
La ciudad duerme encendida por el miedo,
con los párpados de neón, y un ojo abierto
un mendigo cuenta estrellas
que no cotizan en bolsa,
los trajes cruzan la noche
con la prisa de ejecutivos;
nadie pregunta a la luna
¿por qué tiembla el barrio antiguo?
Las vitrinas brillan como patenas
como altares del consumo,
y el cartón es la trinchera del cobarde
que perdió su apellido por el temor asesino
de un semáforo en rojo que late como herida intermitente,
mientras la escarcha del lujo no toca el suelo vencido.
Hay un silencio eléctrico en las plazas, de cementerio
una fe hipotecada en cada esquina prostituida por miedo un niño con su cremallera en la boca.
Mientras dibuja un pan en el aire por hambre
como si el aire pudiera alimentarlo,
una mujer recoge la esperanza
de los contenedores que el mercado desecha;
cada bolsa cerrada es una puerta
que niega humanidad tras el escaparate.
Y yo pregunto al siglo de las pantallas:
¿qué progreso justifica tanta sombra?
¿qué índice celebra la distancia
entre un brindis en alto y la mesa vacía?
Si el oro pesara más que la ternura,
el hombre habría olvidado su hombría;
si el éxito se mide por la altura,
¿quién mide la caída del que no se alza?
Porque la historia no absuelve al indiferente,
ni el futuro perdona la codicia;
quien guarda pan y niega compañía
se queda solo cuando el pan se acaba.
Y cuando el futuro estalle por el hambre,
no habrá seguro que repare el alma;
la ciudad de cristal será memoria rota
de un tiempo que olvidó mirar a los de abajo.
Chema Muñoz©