La empatía es algo más complejo que, sencillamente, ponerme en los zapatos del otro. La empatía implica comprender por qué la otra persona va descalza o en chanclas. Implica imaginar el fresquito cuando camina por la casa o la rugosidad de la arena de la playa. Y por último, la empatía implica ofrecerle unas zapatillas, escuchar su movida sobre biomecánica o acercar nuestro hombro si se está quemando la planta de los pies. Ya lo decían los griegos, ¡qué bonito nombre tienes, empatía! Hasta los alemanes le han dedicado algunas palabras de amor. ¿Quizás también Napoleón habló de empatía? ¿Y las tribus más recónditas?