Lo que creemos en el corazón inevitablemente se escapa por la boca, y esto Jesús lo explicó en Mateo 12:34 y el apóstol Pablo también añade. Nuestro Padre nos invita a hablar en un idioma de fe, el reto es distinguir la fe humilde que se apoya en la soberanía de Dios y la fe arrogante que se soporta sobre el capricho humano.