No podemos abusar de la gracia de Dios, porque aunque es sublime e infinita, también debemos desarrollar el potencial para el cual fuimos llamados. Aunque debemos experimentar un cambio en nuestro comportamiento conforme vamos creciendo, es importante comprender que sólo Dios puede cambiarnos. Gálatas 3:2-5 nos habla acerca de ello.