Necesitamos aprender a disfrutar sanamente de las cosas absurdas pero que resultan en gran bendición. Las sonrisas de Dios y las sonrisas que Él quiere que nosotros tengamos tienen que ver con lo que es absurdo.
Dios nos hace reírnos de lo ilógico, de lo absurdo, de lo que es improbable pero que Él lo hace probable.