Uno de los enredos mentales más difíciles de tratar es identificar la culpa verdadera de la culpa ficticia. Cuando se trata de culpa, Dios no quiere que vivamos encadenados, en cambio, nos entrega la llave de la libertad y muchas personas están atrapadas, pues no se dan cuenta del castigo que tienen con ellos mismos. Reconoce que Dios es bueno y su gracia es mayor que nuestros errores.