
Sign up to save your podcasts
Or


Hoy os cuento mi punto de vista sobre la avalancha de videopodcasts que empezó en 2020, y que ha generado confusiones de nomenclatura y de formatos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos en pleno curso de contenido generado por el usuario, en el que estamos aprendiendo a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero daros una opinión muy personal sobre los videopodcasts. Y digo muy personal porque soy consciente de que aquí hay mucho componente de costumbre, preferencias y hasta nostalgia. No estoy hablando de datos objetivos ni de una verdad universal. Simplemente os cuento cómo vivo yo el podcasting, tanto como consumidor como creador.
Antes de nada, creo que es importante definir qué entiendo por podcast. Técnicamente, un podcast no es audio. Lo que realmente convierte algo en un podcast es el feed. Ese archivo que contiene una lista de episodios, con sus títulos, descripciones y archivos multimedia asociados. Tanto audio, como vídeo.
Por eso, un video sí puede ser un podcast. Si existe un feed y se puede consumir desde una aplicación de podcasting, técnicamente encaja en la definición. Ahora bien, subir vídeos a YouTube hablando delante de una cámara no convierte automáticamente eso en un podcast. Para mí eso sigue siendo un canal de YouTube, aunque hoy en día se use la palabra podcast prácticamente para cualquier conversación grabada.
Y aquí reconozco totalmente mi sesgo. Cuando yo digo “podcast”, en mi cabeza sigo pensando en audio. Si tengo que hablar de vídeo, entonces digo videopodcast. No me sale decir “audiopodcast”. Para mí, el formato por defecto sigue siendo audio.
Como consumidor, lo que más valoro del podcast es la libertad. Escucho podcasts mientras hago otras cosas. Cocinando, paseando a Goku, conduciendo, entrenando en el gimnasio o vaciando el lavavajillas. No quiero estar pendiente de una pantalla. No quiero tener que mirar constantemente algo para no perderme detalles.
De hecho, me pasa justo lo contrario con las series o vídeos. Estoy viendo algo mientras hago otra cosa y acabo tirando atrás continuamente porque me he perdido una escena. Y eso me resulta incómodo. En cambio, con un podcast puedo seguir perfectamente el contenido mientras mi atención visual está en otra tarea.
Además, me gusta imaginar las expresiones y hasta la sonrisa del podcaster. La voz transmite muchísimo. Hay ironías, silencios y matices que percibo perfectamente sin necesidad de ver una cara haciendo gestos exagerados delante de una cámara.
Y ahí entra otro tema. Personalmente, estoy muy saturado de cierta teatralidad típica de YouTube. Las miniaturas exageradas, las muecas constantes, el histrionismo… Sé perfectamente que no todo YouTube es así y que hay creadores excelentes, pero yo no soy el público que disfruta de ese tipo de contenido.
También hay otro problema con muchos videopodcasts convertidos a audio. A veces están pensados visualmente desde el principio. Hacen referencias a cosas que aparecen en pantalla, miradas entre participantes o gestos que el oyente se pierde completamente. Y claro, la experiencia en audio queda coja. En cambio, un podcast concebido directamente para audio funciona perfectamente incluso sin imagen. No pierde nada esencial.
Como creador, todavía lo tengo más claro. Adoro la libertad del audio. Puedo grabar donde quiera, vestido como quiera, mirando un guion sin preocuparme de cámaras, iluminación o decorados. Puedo centrarme únicamente en hablar y comunicar.
Editar audio es sencillo y muy natural. Editar vídeo, en cambio, me resulta muchísimo más pesado. Los cortes se notan más, hay más elementos técnicos y acabas pensando constantemente en cómo te ves en pantalla.
Y lo más importante. Cuando tienes una cámara delante, actúas diferente. Todos lo hacemos. Cambia la forma de hablar, de movernos y de expresarnos. Igual que hablamos distinto según con quién estamos hablando, también nos comportamos distinto cuando sabemos que estamos siendo grabados en vídeo.
Por eso nunca he sentido que mis podcasts necesiten cámara. Cuando hice Late Show en YouTube hace años, lo llamaba Late Show, no podcast. Porque era un programa en vídeo. Y no pasaba nada.
También entiendo perfectamente que muchos podcasters (yo también) sientan cierta incomodidad viendo cómo hoy se llama podcast prácticamente a cualquier vídeo conversacional. Pero tampoco creo que tenga demasiado sentido luchar contra eso. El lenguaje evoluciona y la gente acaba usando las palabras como quiere. Igual que decimos marcas comerciales en lugar de nombres genéricos o usamos expresiones incorrectas que todo el mundo entiende igualmente.
Así que simplemente quería dejar clara mi postura. A mí me gusta el podcast en audio. Me gusta su libertad, su sencillez y su capacidad de acompañarnos mientras hacemos vida. Y aunque entiendo perfectamente el auge del videopodcast, personalmente no es el formato con el que más conecto. Eso sí, no deja de ser en mi humilde opinión. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
By Joan BoludaHoy os cuento mi punto de vista sobre la avalancha de videopodcasts que empezó en 2020, y que ha generado confusiones de nomenclatura y de formatos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos en pleno curso de contenido generado por el usuario, en el que estamos aprendiendo a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero daros una opinión muy personal sobre los videopodcasts. Y digo muy personal porque soy consciente de que aquí hay mucho componente de costumbre, preferencias y hasta nostalgia. No estoy hablando de datos objetivos ni de una verdad universal. Simplemente os cuento cómo vivo yo el podcasting, tanto como consumidor como creador.
Antes de nada, creo que es importante definir qué entiendo por podcast. Técnicamente, un podcast no es audio. Lo que realmente convierte algo en un podcast es el feed. Ese archivo que contiene una lista de episodios, con sus títulos, descripciones y archivos multimedia asociados. Tanto audio, como vídeo.
Por eso, un video sí puede ser un podcast. Si existe un feed y se puede consumir desde una aplicación de podcasting, técnicamente encaja en la definición. Ahora bien, subir vídeos a YouTube hablando delante de una cámara no convierte automáticamente eso en un podcast. Para mí eso sigue siendo un canal de YouTube, aunque hoy en día se use la palabra podcast prácticamente para cualquier conversación grabada.
Y aquí reconozco totalmente mi sesgo. Cuando yo digo “podcast”, en mi cabeza sigo pensando en audio. Si tengo que hablar de vídeo, entonces digo videopodcast. No me sale decir “audiopodcast”. Para mí, el formato por defecto sigue siendo audio.
Como consumidor, lo que más valoro del podcast es la libertad. Escucho podcasts mientras hago otras cosas. Cocinando, paseando a Goku, conduciendo, entrenando en el gimnasio o vaciando el lavavajillas. No quiero estar pendiente de una pantalla. No quiero tener que mirar constantemente algo para no perderme detalles.
De hecho, me pasa justo lo contrario con las series o vídeos. Estoy viendo algo mientras hago otra cosa y acabo tirando atrás continuamente porque me he perdido una escena. Y eso me resulta incómodo. En cambio, con un podcast puedo seguir perfectamente el contenido mientras mi atención visual está en otra tarea.
Además, me gusta imaginar las expresiones y hasta la sonrisa del podcaster. La voz transmite muchísimo. Hay ironías, silencios y matices que percibo perfectamente sin necesidad de ver una cara haciendo gestos exagerados delante de una cámara.
Y ahí entra otro tema. Personalmente, estoy muy saturado de cierta teatralidad típica de YouTube. Las miniaturas exageradas, las muecas constantes, el histrionismo… Sé perfectamente que no todo YouTube es así y que hay creadores excelentes, pero yo no soy el público que disfruta de ese tipo de contenido.
También hay otro problema con muchos videopodcasts convertidos a audio. A veces están pensados visualmente desde el principio. Hacen referencias a cosas que aparecen en pantalla, miradas entre participantes o gestos que el oyente se pierde completamente. Y claro, la experiencia en audio queda coja. En cambio, un podcast concebido directamente para audio funciona perfectamente incluso sin imagen. No pierde nada esencial.
Como creador, todavía lo tengo más claro. Adoro la libertad del audio. Puedo grabar donde quiera, vestido como quiera, mirando un guion sin preocuparme de cámaras, iluminación o decorados. Puedo centrarme únicamente en hablar y comunicar.
Editar audio es sencillo y muy natural. Editar vídeo, en cambio, me resulta muchísimo más pesado. Los cortes se notan más, hay más elementos técnicos y acabas pensando constantemente en cómo te ves en pantalla.
Y lo más importante. Cuando tienes una cámara delante, actúas diferente. Todos lo hacemos. Cambia la forma de hablar, de movernos y de expresarnos. Igual que hablamos distinto según con quién estamos hablando, también nos comportamos distinto cuando sabemos que estamos siendo grabados en vídeo.
Por eso nunca he sentido que mis podcasts necesiten cámara. Cuando hice Late Show en YouTube hace años, lo llamaba Late Show, no podcast. Porque era un programa en vídeo. Y no pasaba nada.
También entiendo perfectamente que muchos podcasters (yo también) sientan cierta incomodidad viendo cómo hoy se llama podcast prácticamente a cualquier vídeo conversacional. Pero tampoco creo que tenga demasiado sentido luchar contra eso. El lenguaje evoluciona y la gente acaba usando las palabras como quiere. Igual que decimos marcas comerciales en lugar de nombres genéricos o usamos expresiones incorrectas que todo el mundo entiende igualmente.
Así que simplemente quería dejar clara mi postura. A mí me gusta el podcast en audio. Me gusta su libertad, su sencillez y su capacidad de acompañarnos mientras hacemos vida. Y aunque entiendo perfectamente el auge del videopodcast, personalmente no es el formato con el que más conecto. Eso sí, no deja de ser en mi humilde opinión. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!