El apóstol Santiago nos enseña sobre nuestros deseos y el pecado, y es que vivimos una época de irresponsabilidad, donde nadie quiere admitir sus propios problemas o culpas; estamos en un mundo de víctimas, y jamás un problema tiene que ser culpa de otros. Sólo cuando aceptamos la responsabilidad y dejamos de culpar a los demás tendremos la capacidad de arrepentirnos, sin eso, no podemos cambiar.