El apóstol Pablo nos enseña: Benignos, unos con otros, misericordiosos, perdónense los unos a los otros como Dios también los perdonó a ustedes en Cristo. En lo que dependa de nosotros tenemos que aprender a estar en paz con todos. A nadie le agrada que le hieran, pero a menudo, cuando nos hieren, Dios convierte nuestra pena en bendición.