En la antigüedad cuando se llevaban las ofrendas había una exigencia que está escrita en Levítico 22:17 Aquel cordero que se presentaba delante de Dios debía ser un cordero sin mancha, perfecto, también el sacerdote que ofrecía el sacrificio tenía que ser sin mancha, y en el tiempo actual se compara a que nosotros no podemos ser frente a las personas intachables pero en la vida privada un desastre, no puedes tener una medida para ti mismo y otra para lo que haces con respecto a Dios, por eso cuando Jesucristo ve a los fariseos predicando les dice a las personas: Hagan lo que ellos les dicen pero no hagan lo que ellos hacen.