Estas palabras no solamente hacen parte de un slogan sino son una realidad para cada uno de nosotros en la iglesia. Cuando se trata del descanso del alma, el salmista entiende que no hay ningún lugar como la casa de Dios para el descanso del alma, es por eso que el Salmo 27:4-5 dice: Lo que pido de Dios, lo que más deseo es el privilegio de meditar en Su templo, vivir en Su presencia cada día de mi vida. Deleitarme en Sus perfecciones y en la gloria incomparable del Señor, y allí estaré yo cuando sobrevengan las tribulaciones, Él me esconderá, Él me pondrá sobre una alta roca.