Aunque nos parezca lejano, el mensaje de Gabriel afecta a nuestra vida actual. Y estas buenas noticias se van a escribir de una forma muy sencilla; nos interesa meditarla: es cierto que nuestra misión no es tan importante como la de Juan, el Precursor, porque nuestra vocación no es ir por delante, como hizo el Bautista, sino más bien ir por detrás, para continuar lo que hizo Jesús. Por eso, de alguna forma, cada cristiano es un Continuador de Cristo.