EL BESO DE DIOS
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Es difícil saber con cuantos subterfugios
el amor juega siempre,
si pregunto ¿Por qué? responde ¿Por qué, ella?,
si ¿de dónde? pregunta, respondo que no sé.
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Es el tren que escogí, el que tuve contigo
quizá el equivocado por servir otro idioma
por oler otro aroma que el que rezo en tu boca.
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Y es que no me tocaba, no quería conmigo
pelusas del ombligo, latidos de mi alma.
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Ya se fue la mañana y con ella el amor
que traía en su taza,
esa tonta amenaza de, o la vida o “yo”.
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Siempre creí que “yo” era la vida misma
esa estrella polar que polariza todo.
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Me sorprendo mirando a todas las estrellas
buscando a cuál de ellas he de darle la culpa.
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Mi rodilla se hace un cuerpo con el codo
me siento Cuasimodo huido en Notre Damme.
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No sé, no sé si esta historia tuvo su buen final,
el libro está vendido y sus manos me buscan
con su tacto de cera.
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¿Quién pudo imaginar tanto amor a la espera
sin haberlo pedido?, vino sola hasta mi
será que ahora los Dioses saben de mi existencia
y me han dado una Diosa solita para mí.
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No sé si, no sé si ella me quiere, ni si la quiero yo
solo sé que su boca tiene el beso de Dios.
Chema Muñoz©