Un cristiano oriental aconsejaba empezar la oración del Señor, el Padrenuestro, por las últimas palabras y terminar con las del inicio, de lo peor a lo mejor.
La tibieza es la enfermedad más peligrosa: el tibio juega a dos bandas: con Dios y con el enemigo. Pretende servir a los dos. De alguna forma es como en el espionaje. El tibio es un espía doble: intenta beneficiarse de los dos ejércitos.