Nuestra vida es un tiempo de prueba que termina con la muerte. El Apóstol Santiago dice: «Nadie, cuando sea tentado, diga: “Es Dios quien me tienta”; porque Dios ni es tentado al mal ni tienta a nadie» (1,13).
Después de la muerte vendrá el juicio. Y nuestro acusador será Satanás. Jesús también fue juzgado. Lo juzgaron y condenaron los hombres.