¿Se puede llegar al cine sin escuela, sin contactos y sin un estudio gigante detrás? Durante décadas, ser director significaba estudiar, vender plasma como David Lynch o que un tío llamado Francis Ford Coppola te abriera la puerta. Hoy basta un canal de YouTube, un software gratuito y una base de fans. En este episodio, Ismael y Olivier siguen el rastro de los creadores nativos de internet que dieron el salto a la pantalla grande y que, casi todos desde el terror, están devolviendo a los jóvenes a la sala de cine.
El recorrido va de Jorge Pinarello, el de Te lo resumo así nomás, y su película Algo que pasó en año nuevo, a los gemelos Danny y Michael Philippou del canal RackaRacka, que pasaron de tutoriales de efectos a Talk to Me y Bring Her Back con A24 y Sony. En el camino aparecen Nicolás Amelio-Ortiz, el documentalista detrás de ZEPFILMS y de la serie de Disney+ Hay algo en el bosque; Chris Stuckmann, el reseñador que dirigió Shelby Oaks con Mike Flanagan de productor; el inquietante terror analógico de Skinamarink, de Kyle Edward Ball; y la polémica Obsession de Curry Barker, con su lectura sobre relaciones tóxicas, incels y un final que no perdona.
El centro del episodio es Backrooms, dirigida por Kane Parsons cuando tenía 19 años: un universo entero nacido de una foto y construido en Blender que conquistó a A24, a James Wan y a Renate Reinsve, y que convirtió a su autor en el director más joven en alcanzar el número uno en taquilla. A partir de ahí, la conversación se abre a una pregunta más grande sobre el talento sin credenciales, el resentimiento de quienes sí pasaron por la escuela, y por qué Orson Welles, The Substance, Titane y hasta un Hamlet hecho dentro de Grand Theft Auto caben en la misma discusión. La conclusión es simple: vayan al cine, el cine necesita gente nueva.
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