Yo soy un Dadaista y por ende feliz mi nueva emoción del ideal. Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tienes el ala hacia la execelsitud inasible, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custodiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Solo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Definiendo su propia emoción, podría decir quién se sintiera poeta; el ideal es un gesto del espíritu hacía alguna perfección.