El Señor sale a nuestro encuentro en medio de la oscuridad para darnos su luz y así ser alegres predicadores de la Verdad.
Podemos preguntarnos: ¿Tengo una mirada sobrenatural en las enfermedades corporales o espirituales? ¿Me cuesta aceptar la realidad, sobre todo cuando rompe mi bienestar personal? ¿He dejado a la soberbia avanzar en el corazón? ¿Tengo una mirada juzgadora sobre los hermanos en vez de reconocer la Obra de Dios en ellos?