Podríamos decir que la oración mental consiste en un trato de amistad con Dios. Esto parece una cosa teórica y ya sabida. Pero puede haber gente que –después de años– tiene práctica de «hacer reflexión sobre cosas espirituales», y que no tenga verdadera intimidad con el Señor.
A la oración uno va a hablar con Jesús como si fuera un amigo. A veces es estar aburrido. ¿Qué hay sueño? No pasa nada, si uno intenta agradarle.