En noviembre de 1969, Betsy Aardsma, una joven estudiante brillante y llena de sueños, fue asesinada en los silenciosos pasillos de la biblioteca de la Universidad Estatal de Penn. Un único golpe certero acabó con su vida en apenas unos minutos, dejando tras de sí una escena llena de preguntas y casi ninguna respuesta. Aunque la investigación policial fue ardua, las pruebas nunca fueron concluyentes, y el caso quedó sin resolver, convirtiéndose en una de las grandes incógnitas criminales de su tiempo.