OpenAI afirma haber encontrado una solución a Navier–Stokes, uno de los Problemas del Milenio, tras movilizar unos 10.000 agentes de IA. Pero la propuesta aún debe superar el escrutinio de la comunidad matemática y llega acompañada de una incómoda polémica sobre privacidad, atribución y el trabajo previo de otros investigadores.
También hablamos de Muse, el nuevo agente de Meta capaz de hacer gestiones y compras por ti, y de AlphaGenome Atlas, la herramienta de Google DeepMind que permite explorar el posible efecto de 9.000 millones de variantes del ADN humano.
Tres historias unidas por una misma pregunta: cuando una IA reduce una búsqueda gigantesca y nos presenta una respuesta, ¿qué debemos comprobar antes de darla por buena?