El Señor nos pide dar de lo nuestro al hermano (misericordia), pero no podemos dar de lo nuestro si antes no les damos lo que le corresponde (justicia). Imitemos su justicia misericordiosa.
Podemos preguntarnos: Cada vez que hago un comentario sobre otra persona ¿vigilo de no tener una segunda intención? ¿Tengo paciencia y me acerco al hermano para ayudarlo con su vicio dominante o lo condeno?