Jesucristo se revela como Camino, Verdad y Vida para dar paz al corazón inquieto de sus discípulos.
Podemos preguntarnos:
¿Vivo mi ser cristiano como una realidad dinámica que busca siempre la verdad y la conversión?
¿Exijo la verdad a los demás en la misma medida que soy verdadero con ellos?
¿Mi felicidad está puesta más en las abundancias materiales que en la vida abundante que nos comunica Cristo?