Ando entre pieles y laderas
que no son de nadie,
encendiendo silencios
para andar de puntillas
y sentir que me acerco
a la puerta del mar.
Desmeleno su orilla
y su cuello le sirve de reposo a mis labios,
rompo los horizontes
desmembrando en mis manos
su semblante de estrellas
y levanto mis ojos
al volcán que atenaza
de tristeza los pueblos
y de sombra a la tierra.
No me vengas con penas
ni dianas al sol,
las llamas de la aurora
se levantan cual pájaro,
se eleva hacia los vientos,
quebrando amenazante
al robar los latidos de los cañaverales.
Acércate hasta el límite y no mires atrás
delante de tus ojos se te unen las naves
al hilo azul cobalto que divide los cielos
del azul de los mares.
Chema Muñoz©