Jugar a rol puede ser divertido, intelectual, gamberro, reivindicativo, emocionante... Es creativo, objeto de debate y una buena plataforma para la reflexión personal, socio-política y/o creativa.
El rol debería ser fuente de gozo y nunca germen de enemistad o villanía. Igual se nos olvida de tanto en tanto que es solo un tipo de juego.