El amor busca la cercanía: la entrega de una madre, de una persona enamorada, conduce a la unión. Uno quiere atraer hacia uno mismo al que ama, incluso físicamente. De hecho al bebé, más dentro no se le puede llevar. E incluso cuando el niño “sale fuera” se le quiere comer a besos.
Quizá esa es una buena imagen de cómo es Dios. Que nos ama tanto que desea que le comamos. ¿Os imagináis el desconcierto de los primeros cristianos y a la vez lo agradecido que estarían?