Él bajó, descendió, pero desde siempre, no solo en el último momento de su vida. Sobre todo trabajando como un artesano: allí en el taller, sirviendo sin atosigar, como hacen los empleados de los grandes almacenes: no atosigan porque se dan cuenta que la gente tiene que tener su espacio...
El cliente entra y no hay cinco dependientes mirándote, sino que el comprador funciona como si no hubiera nadie observando. No se abalanzan sobre ti, para que compres...