Las películas dirigidas por actores pueden ser un acto de vanidad, un intento de búsqueda, un ejercicio personal y obras de arte únicas. Lo que las impulsa no se enmarca en la lógica tradicional del director y su carrera creativa o comercial: el actor suele ponerse detrás de la cámara para explorar algo y transformarse él mismo en camino. Y lo que salga de ahí puede ser totalmente original, como sucedió en su tiempo con La noche del cazador, de Charles Laughton, y claro El apóstol, un proyecto que Robert Duvall arrastraba consigo desde fines de los años 60, y que atravesó por muchas fases antes de plasmarse, por fin, en la pantalla en la única era en que algo así podría haber sido posible: fines de los 90, en el corazón de la explosión del cine independiente estadounidense.
Duvall narra la historia de Sonny, un predicador que tras ser expulsado de su parroquia por su esposa y el amante de ésta, agrede gravemente a este último y escapa con lo puesto hacia el camino y hacia una vaga idea de redención, vinculada a un minúsculo pueblo de Louisiana, donde —convertido en apóstol, es decir, alguien cuya tarea es fundar nuevas iglesias— intentará revivir una congregación y esperar que el destino le alcance.
Brillante como filme de personajes, genial como retrato de una comunidad donde la fe juega un rol articulador, The Apostle es el legado central de una carrera insuperable. De eso y más se habla en este podcast.